sábado, 19 de marzo de 2011

Mensaje de Misericordia


Mensaje de Misericordia


Dios, Padre misericordioso, que has revelado tu amor en tu Hijo Jesucristo y lo has derramado sobre nosotros en el Espíritu Santo, Consolador, te encomendamos hoy el destino del mundo y de todo hombre.
Inclínate hacia nosotros, pecadores; sana nuestra debilidad; derrota todo mal; haz que todos los habitantes de la tierra experimenten tu misericordia, para que en ti, Dios uno y trino, encuentren siempre la fuente de la esperanza.
Padre eterno, por la dolorosa pasión y resurrección de tu Hijo, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.
Jesús, confió en Ti y Tu Bondad.
Jesús, Confió en Ti y Tu amor por mí.
Jesús, Confió en Ti y Tu Misericordia.






Rezar. 
No esperemos obtener misericordia de Dios si no rezamos nada, porque a través de la oración es como el Señor se ha comprometido a alcanzarnos su auxilio.
La oración debe ser como la respiración de nuestra alma, porque todas las gracias se obtienen con la oración, y especialmente la gracia de la divina misericordia.
Una oración muy hermosa que podemos decir siempre y que es muy corta, es la que el mismo Señor ha enseñado y que está al pie de la Imagen de la Divina Misericordia, y es: “Jesús, en Vos confío”.
Hagamos el propósito de rezarla frecuentemente, y en algún momento del día recémosla continuadamente unos cinco minutos, ¡y veremos cosas admirables! Quien no lo crea así, que haga el intento y verá cómo su corazón se pacifica y se une mucho a Dios, a Jesús.
Cuando rezamos estamos cumpliendo una de las obras de misericordia espirituales, que es rezar por vivos y difuntos. Y ya sabemos que quien practique la misericordia, la obtendrá de Dios, en su vida, en el juicio y en el Purgatorio, si es que va allí.
Jesús, en Vos confío.

Difunda este Mensaje de Misericordia, ya que Jesús ha prometido que:
“A las almas que propaguen la devoción a mi Misericordia, las protejo durante toda su vida como una madre cariñosa protege a su niño recién nacido y a la hora de la muerte no seré para ellas Juez sino Salvador misericordioso”.
“Las almas que adoren mi Misericordia y propaguen la devoción a ella invitando a otras almas a confiar en mi Misericordia, no experimentarán terror en la hora de la muerte. Mi Misericordia les dará amparo en este último combate”.

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